El pecho de Loyka

En el corazón del bosque, en los inicios del mundo, animales y plantas convivían en paz y armonía, semejando encantadores jardines.

Transcurrió mucho tiempo, algunas especies evolucionaron, otras quedaron atrás, y aun, con la lluvia, el sol y el paso del tiempo seguirán estando así.

Una noche increíblemente húmeda, donde el perfume de las flores era escaso y el canto de los grillos semejaba rumor, apareció de la nada un hermoso platillo dorado y esplendoroso, tanto, que parecía que hasta el rocío se maravillaba ante él.

Los animales corrían de un lado a otro, sin saber lo que ocurría. Entonces, se abrió una escotilla de la nave y todos los animales se agruparon alrededor de ella. En eso, un ser no conocido llegó.

Eran seres inteligentes, pero los animales aun más; a estos seres les llamaron “humanos”.

Aprendieron a convivir juntos, tenían mucho en común, pero había algo que no concordaba entre ellos…

…Los humanos no tenían sentimientos, no sabían amar; los animales nunca habían tenido sufrimientos, no sabían llorar.

Los humanos no compartían la dicha de los animales, querían superioridad completa, por eso, tramaron un plan egoísta y despiadado; arrebatarles la inteligencia a los animales, entonces, ellos tendrían el predominio.

Elaboraron una fórmula durante años y al fin, fue terminada. Muchos animales perdieron gran parte de su inteligencia, algunos solo un poco, otros hasta murieron por su causa.

La Loyka, confundida, viendo a sus amigos sufrir, agarró a un humano del cuello; él gritó alarmando a los demás, lanzaron miles de dardos que perforaron las alas de la Loyka; más uno alcanzó su pecho, ella cayó al suelo y solo después de mirar a sus compañeros, en una triste despedida, la valiente Loyka, ensangrentada, murió.

Por primera vez los animales sintieron el sufrimiento, el dolor, la angustia, más lo encerraron en su corazón destrozado.

La muerte de la valiente Loyka no fue olvidada, pues desde entonces, las demás loykas han manchado su pecho con el rojo de su sangre, en honor a su hermana que murió por salvarlos.

Lobos, perros y coyotes, aúllan a la luna, en verdad lloran…

…y algún día recobrarán lo que les pertenece…

A. Medusa

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