Vida después de la muerte

Podríamos decir que la muerte, tal como la vemos nosotros, sería la transformación de un objeto viviente en un objeto sin vida. Desde nuestro punto de vista pues, todos los objetos vivos acaban por transformarse en objetos inertes, es decir que terminan muriendo, y aquella parte de nosotros que se escapa a nuestra percepción sensible se separará un día de nuestro cuerpo físico. Por consiguiente la idea de que con la muerte acaba nuestra existencia, es un concepto artificial de nuestra inteligencia. Si tomamos conciencia de nosotros mismos, de nuestro Yo, en un momento antes o después de nuestro ahora, nos percataremos de que nuestra conciencia del Yo está unida a la de su existencia, fuera del espacio y del tiempo. Os hablamos de vida después de la muerte.

De alguna forma en casi todas las civilizaciones se ha obrado de forma ficticia para de alguna manera tratar de retrasar el momento de la separación del difunto con los seres queridos, dedicándole ritos funerarios, ofreciéndole flores, enterrando su cadáver, visitando la tumba con frecuencia, depositando objetos personales como por ejemplo fotografías que recuerden su imagen viva, etc. Las religiones orientales pertenecientes a civilizaciones muy evolucionadas espiritualmente, hicieron del final de la vida el principio de otra de una forma muy rápida quemando los cuerpos de los difuntos para hacer desaparecer en corto plazo las ataduras de alma difunta con su cuerpo y los apegos materiales a la vida.

Katyn-Cruz, Szczecin, Polonia

Katyn-Cruz, Szczecin, Polonia

Para los budistas lo esencial no es la idea de la muerte física, si no buscar la forma de vida que nos libera de esa muerte que se repite cada vez que nos reencarnamos es decir a la que estamos expuestos mientras nos encontramos dentro del ciclo interminable de las existencias. Buda predicó en su doctrina la enseñanza del no-renacer, ve este mundo de los vivos como un problema y es justo en este punto en donde todas las religiones coinciden: la negación del mundo.

Fueron los egipcios los que más perfeccionaron los ritos mortuorios con el embalsamamiento, consiguiendo con ello que el cadáver no se descompusiese y al propio tiempo se conservaba la forma del cuerpo para que en vez de muerte fuese un profundo y largo sueño, que para los vivos no era más que una forma de eludir a nivel psicológico el problema de la muerte.

En otras doctrinas se ensaña que la muerte se presenta por el abandono de una partícula alojada en el ventrículo izquierdo del corazón que almacena en su memoria todas las experiencias vividas por la persona que ha muerto. Esta partícula sale a través del nervio pneumo-gástrico ascendiendo hasta la cabeza y por fin abandona el cuerpo físico pasando entre los espacios de los huesos parietal y occipital, separándose así del cuerpo material los cuerpos invisibles.

Así como para las religiones en oriente existe la reencarnación mediante la que renacemos para ir evolucionando progresivamente a nivel espiritual, para la Iglesia occidental existe un día para la resurrección de todos los muertos, es decir una recuperación del cuerpo físico, pero no precisamente el cuerpo físico que se tuvo en el momento de la muerte que estaba dañado por la enfermedad, si no un cuerpo nuevo y limpio de todo daño y que habitará eternamente en un cielo o en un infierno según la actitud positiva o negativa que se haya tenido con respecto a Dios. Según la mayoría de las filosofías orientales y algunas occidentales, junto al cuerpo físico, existe otro cuerpo de naturaleza similar llamado Cuerpo Vital y además otros dos cuerpos que son invisibles y que se les denomina Cuerpo Astral o de los Deseos y Cuerpo Mental y que siguen viviendo, muy al contrario de lo que ocurre con el Cuerpo Vital que si muere. Los cuerpos Astral y Mental siguen junto al cuerpo vital durante un tiempo antes de separarse de este. Los primeros cristianos y durante varios siglos mantenían a los difuntos durante tres días sin enterrar; esta costumbre la habían adquirido del judaísmo (Cábala) incorporándola a su religión, dado que pensaban que eran tres días los que necesitaba el difunto para integrarse al mundo astral.

Vida después de la muerte

Vida después de la muerte

Antiguamente se depositaban unas gotas de cera caliente sobre los párpados del difunto para ver si abrían los ojos por el calor o bien se le ponía un espejo en la boca para comprobar si aún respiraba, pues el cristal en este caso se empañaría; la última prueba para certificar su muerte era avisar al notario quien a los tres días del fallecimiento se presentaba y ante testigos, preguntaba tres veces al difunto: ¿estás vivo?; si no contestaba éste, el notario daba fe de su defunción. También en algunos pueblos se aplicaba una sanguijuela al difunto para que succionase la sangre; si al presionar la sanguijuela con los dedos sobre un recipiente lleno de agua, la sanguijuela soltaba coágulos era señal de que la persona estaba muerta y si la sangre era líquida teñía el agua de rojo y era una prueba evidente de que la persona permanecía aún con vida. Estas pruebas practicadas además del tiempo transcurrido daban cierta seguridad para que los cuerpos no fuesen enterrados vivos, en el caso de que se tratase de una muerte aparente, es decir que hubiesen sufrido una catalepsia.

Hace muchos años que sucedía con alguna frecuencia casos de muerte aparente, dado que no existían medios para asegurarse de este hecho. Se cuenta que una joven valenciana que fue llevada al depósito de cadáveres para que una vez cumplido el plazo de tiempo de espera fuese enterrada. La difunta llevaba un anillo en el dedo anular de la mano derecha y un ladrón que conocía este detalle entró por la noche en el depósito y como no podía sacar el anillo, optó por cortar el dedo. En ese momento y posiblemente al sensibilizarse su cuerpo salió de la catalepsia y se incorporó e inmediatamente y por su propio pié regresó a su domicilio.

También en el pueblo de Jávea en la provincia de Alicante, se cuenta que a principios de siglo una señora murió y fue llevada al depósito del cementerio municipal. La noche anterior a su entierro, despertó de su catalepsia, se incorporó y se dirigió a su casa. Llamó a la puerta y su marido lógicamente se llevó un susto impresionante. Esta mujer explicó que había visto a Santa Teresa de Jesús y la difunta pidió a la Santa que la devolviese a la vida, pues hacía mucha falta en su casa dado que tenía muchos niños pequeños para cuidar; la Santa le dijo que podía volver a la vida y ella regresó.

Como acción de gracias por este favor, la mujer regaló a la Iglesia Parroquial de San Bartolomé de este pueblo una imagen de Santa Teresa, que se puede contemplar en uno de los altares laterales. La misma Santa Teresa de Jesús después de considerarla muerta y al cabo de varias horas, se le practicó la prueba de la cera y del espejo dando como resultado que había fallecido y una de las noches en las que estaba de cuerpo presente y velada por un familiar, una de las velas encendidas que rodeaban la cama prendió fuego a una tela y por el calor del fuego el cuerpo de la Santa reaccionó y volvió a la vida.

Casos de vida después de la muerte

Casos de vida después de la muerte

Religiosos que fueron enterrados vivos y al exhumar sus cuerpos para examinarlos y proceder a su beatificación o canonización, se vio que habían adoptado posturas que hacían pensar en una lucha por poder salir de su encierro, como por ejemplo: el haber arañado el ataúd dado que tenían astillas de madera en las uñas y por si en ese momento blasfemaron angustiados por su encierro y muerte segura, se desestimó el proceso canónico. Son muchas las experiencias de los enterrados vivos que bien merece hablar de ello en capítulo a parte dado su gran interés.

En el año 1.906, el Doctor Mac Dougall del Hospital de Massachusetts, emprendió una investigación que trataba de comprobar si en los moribundos existía algo pegado al cuerpo que desapareciese en el momento del fallecimiento. Mac Dougall, por su creencia, pensaba que lo que conocemos como alma se separaba del cuerpo en el momento de la muerte física y trató de encontrar algún procedimiento para poder demostrar científicamente esta separación.

Mac Dougall, hizo construir una balanza para hacer las comprobaciones. Ponía sobre uno de los platos de la balanza al moribundo y comprobaba que en el mismo instante del fallecimiento la balanza ascendía siempre, lo cual demostraba su teoría de que algo salía del cuerpo en el momento de la muerte puesto que éste perdía peso.Basándose en la investigación de Mac Dougall, el jefe del departamento científico de la Escuela Politécnica de Los Ángeles, el profesor Twining, realizó experiencias similares, pero esta vez con animales de diferentes especies, comprobando que en estos casos también se producía una pérdida de peso en cada uno de ellos en el mismo instante de la muerte.Todas estas investigaciones quedaron como una anécdota curiosa puesto que científicamente no se podía encontrar un motivo o justificación lógica a este hecho comprobado.

La filosofía teosófica, hermetista, alquimista, ocultista, etc., reconocen la existencia en el hombre de cuatro cuerpos de distinta naturaleza y que cumplen también cada uno de ellos con una misión diferente.Nuestro cuerpo energético está formado por: el Cuerpo Etérico, el Cuerpo Astral o Emocional, el Cuerpo Mental y el Cuerpo Causal o Espiritual.

El Cuerpo Espiritual es el que tiene mayor índice de vibración, siguiéndole los cuerpos Mental y Astral y por último el Cuerpo Etérico que es el que vibra a menos frecuencia.

El Cuerpo Etérico posee la misma forma que el cuerpo físico y es el más cercano a éste. Él es el que transporta la fuerza que modela el Cuerpo Físico y se encarga de las sensaciones y de la creatividad. el Cuerpo Etérico al contrario que el Cuerpo Físico, no puede ser destruido, es más real, más sólido que aquél.

El Cuerpo Etérico es el que se utiliza para realizar viajes astrales.Cuando morimos, utilizamos el Cuerpo Etérico, para ir del plano terrenal al mundo de los espíritus.

El Cuerpo Etérico se forma en el nacimiento del ser y desaparece después de unos días de la muerte física. Éste cuerpo se encarga de absorber la energía del sol hacia el chakra del plexo solar y la energía de la tierra a través del chakra basal. Estas energías que son elaboradas por los chakras y conducidas a través de los nadis se envían al cuerpo físico para mantener equilibradas y vivas las células del organismo. La energía sobrante es eliminada a través de los poros y de los chakras.

El Cuerpo Astral o Emocional es el que administra nuestras emociones, amor, alegría, nuestros sentimientos, nuestro carácter y nuestras cualidades. Se halla alrededor de nuestro Cuerpo Físico y es como una sustancia nebulosa. El tono de su color dependerá de el desarrollo de las cualidades, el carácter, los sentimientos, las simpatías o antipatías, los apegos, etc.; cuanto más positivo más claro y transparente, cuanto más negativo más oscuro.

El aura de colores irisados que se encuentra alrededor de nuestro Cuerpo Emocional, y que es de forma ovalada, recoge las emociones y sensaciones del Cuerpo Emocional y va cambiando los colores según los pensamientos y el estado anímico. El Aura o Campo Energético se manifiesta por encima de la piel, rodea todo el cuerpo y puede llegar a abarcar varios metros. Está formada por muchas capas, tiene distintos colores, formas y diseños. Sus características cambian según sea el estado mental, físico o espiritual de una persona. El Aura es el reflejo del ser. En ella se ven reflejadas nuestra alegría o tristeza, nuestra angustia, nuestra soledad, rechazo, amor, odio, etc. Si nuestra actitud y vibración es positiva atraemos a personas con las mismas características o que vibran a la misma frecuencia, si es negativa de igual manera atraemos a seres que están en nuestra misma situación y que nos sirven de espejo para que nos demos cuenta de lo que nosotros mismos estamos reflejando.El Cuerpo Mental es también de forma ovalada y su volumen depende de nuestro desarrollo en cuanto a pensamientos, racionalidad, intuición, e ideas. Los colores más o menos vivos del cuerpo mental dependerán también del nivel del desarrollo. La función primordial del Cuerpo Mental es la de recoger las leyes universales que parten del plano espiritual.

El Cuerpo espiritual que tiene la mayor frecuencia de vibración puede ser transportada de forma circular hasta muchos kilómetros de distancia. Se percibe como una sensación de plenitud y amor, inundando al Cuerpo Etérico, al Cuerpo Mental y al cuerpo emocional. Esta sensación será más fuerte cuanto más desarrollados y abiertos estén los chakras. Este cuerpo espiritual nos une con lo divino y lo puro. El cuerpo espiritual es nuestra parte divina y es inmortal, él nos ayuda a comprender el sentido de nuestras vidas. Los nadis (palabra sánscrita que significa tubo), son unos canales que conducen la energía vital o absoluta (el prana).

El plano de la consciencia depende de la frecuencia de la energía vital que puede absorber. Cuanta más energía vital se almacena más desarrollada está la consciencia.Mientras permanecemos vivos en el plano físico, llevamos incorporados sobre el cuerpo físico todos los demás cuerpos al mismo tiempo.En el momento de la muerte, es cuando se separan del Cuerpo Físico todos los demás vehículos superiores. En primer lugar lo hará el Cuerpo Vital que se separa en el mismo instante de la última expiración y este esta formado por sustancias del mundo físico, de ahí la explicación que se daría a la pérdida de peso que investigaban Mac Dougall y el Profesor Twining. Este Cuerpo Vital no puede seguir a los cuerpos Astral y Mental puesto que una vez muerto el cuerpo físico, éste se disuelve en la tierra.Parece ser que es precisamente el Cuerpo Vital el que los videntes suelen ver en los difuntos o bien en los cementerios flotando sobre las tumbas que albergan los cuerpos de los muertos.

El Cuerpo Astral y el Cuerpo Mental antes de romper el cordón plateado que los une al cuerpo físico están flotando sobre el cadáver durante un período que puede prolongarse normalmente hasta los tres días.De la misma forma que el Cuerpo Vital, el cordón plateado que está unido al Astral y al Mental desde el corazón, puede ser visto también por los videntes.A través de este cordón plateado se va emitiendo información hacia los vehículos superiores de todas las experiencias: aprendizaje, conocimiento adquirido, etc., por la persona fallecida durante la estancia en el plano físico; es durante esta transferencia de datos cuando la persona difunta ve lo que se ha venido a llamar la película de su vida. Una vez terminada la trasferencia de datos es cuando se rompe el cordón plateado.Durante el tiempo en que se emplea en todo este proceso la persona fallecida puede en un momento determinado volver de nuevo a la vida, pero nunca esto sucederá una vez roto el cordón plateado. Este proceso sería el preámbulo para preparar el nacimiento a una nueva existencia.

Es recomendable durante este proceso que el ambiente que rodea al difunto sea de paz, silencio y tranquilidad puesto que distraen su atención durante el tránsito.Aquel que se va no sufre en absoluto durante el cambio de estado, ni siquiera tiene la sensación de que su vida terminó, sino de que se cambia a un lugar más espiritual en donde el vehículo físico ya no pesa y en donde los dolores y molestias de la muerta se desvanecen.Parece ser que aquel que ha fallecido ve, en ese momento posterior a la muerte física, su propio cuerpo que permanece rígido y sin vida; la sensación es de estar flotando en el aire escuchado las voces de sus familiares y sus reacciones; la reacción inmediata del fallecido es comunicarse con los seres que rodean su cuerpo para decirles que está él esta vivo, pero ellos ni ven ni oyen sus palabras. Poco después, cuando el fallecido acepta su nueva situación es cuando de pronto se ve atraído por una luz blanca muy intensa que ve al final de un túnel oscuro.Ha habido innumerables casos de personas fallecidas que han llegado a traspasar lo que se ha denominado como la frontera y que luego han regresado nuevamente a habitar sus cuerpos físicos dando cada uno de ellos un testimonio más o menos similar de su experiencia, coincidiendo todos ellos en afirmar sus sensaciones de bienestar, paz , felicidad, una gran luz, un ser luminoso, quietud, no tener miedo a la muerte…

Otras de las sensaciones importantes comunes a los que han tenido una experiencia de casi muerte, es el planteamiento de un nuevo concepto de la vida y la afirmación de la existencia de Dios y de que éste es una tremenda fuente de energía. Afirman haber visto en este trance cuerpos que se desplazaban como si tuviesen alas, seres luminosos, imágenes de familiares fallecidos con anterioridad que salían a recibirlos.El alma posee su propia voluntad, dado que es un cúmulo de energías y cuando el cuerpo físico que la contiene muere, ésta elige la nueva forma que deberá albergarla, es decir el nuevo cuerpo en la que deberá reencarnarse, o sea la nueva vida después de la muerte.San Pablo, hace referencia a una vida después de la muerte y también a otro cuerpo además del físico. En 1 Cor. 15:40 dice: “Y cuerpos hay celestiales y cuerpos terrestres: mas una es la gloria de los celestiales y otra de los terrenales” y en 1 Cor.15:44 añade: “Si hay cuerpo animal, lo hay también espiritual”.

También se habla sobre la luz que uno ve al salir de su cuerpo físico: El mismo Jesús dice al respecto: “Vosotros sois la luz del mundo“. El libro de Isaias (58:7-10) “…entonces irrumpirá en tu vida una gran luz y se cerrarán al instante tus heridas…” y en la profecía de Isaias que recoge Meteo, dice: “…el pueblo que caminaba a oscuras vio una gran luz…

La doctrina espiritista fundada por Alan Kardec, cree fervientemente que al morir nos trasladamos a un plano al que conocemos como astral, cuyo nivel será mas o menos elevado, según haya sido nuestra evolución espiritual y en el caso de la menor evolución, es decir cuando más apegados estemos a la materia, más nos costará ascender a otros planos superiores y serían estos posiblemente los espíritus que con mayor facilidad se manifiestan a través de los médium, por estar mas cercanos al plano físico.

La muerte es una parte natural de la vida y no el final de ella, se trata simplemente de entrar en una nueva forma de conciencia. Atravesar con éxito total el paso de la muerte física, paso por el que la mayoría de nosotros nos esforzamos por borrar de nuestras mentes y que a veces nos crea ansiedad, podríamos perfectamente controlarlo entrando voluntariamente en meditación sobre nuestra propia muerte. Si somos conocedores de que la muerte se halla ya próxima, aún en el caso de que la supongamos cercana de forma ficticia, podremos experimentar el efecto o sensación de estar realmente vivos. Si nos concienciamos de que vamos a tener una buena muerte, una muerte digna, eliminaremos con toda seguridad el miedo a la muerte. Liberados de la angustia que nos genera el pensamiento sobre la muerte quedaremos libres también de la obsesión que algunas personas sufren a este respecto. Si adquirimos entendimiento y paz en lo que respecta al paso de la muerte física, aumentaremos indudablemente nuestra capacidad para vivir de forma plena.
Para el hombre civilizado la muerte es un fenómeno muy complejo. Al igual que dos personas no pueden tener una misma existencia, tampoco has dos que tengan la misma muerte. Vivimos en una sociedad que no nos prepara para este paso de enfrentar a nuestra propia muerte y estamos acostumbrados a rehuir de ese tema y no querer nunca, en la mayoría de los casos, hablar de él, pero aunque no queramos pensar en ello, nunca podemos olvidamos de la muerte; hay muchos momentos de nuestra vida que nos hacen pensar en nuestra propia muerte, la mayoría de las veces viendo o pensando en la muerte de los demás. Nuestras vidas están dirigidas normalmente a partir del miedo a la muerte. La idea que se nos ha inculcado sobre la muerte es errónea; se ha considerado la muerte como un triste final.

Del miedo a la muerte han hablado innumerables maestros como un gran obstáculo que se interpone en nuestra evolución espiritual y este obstáculo es debido a un sentimiento dependiente del instinto de conservación. Se ha observado por ejemplo que los animales son conscientes de que pronto van a morir y en cambio no tienen ese temor muy dado en el ser humano. El principal sentimiento de miedo por parte del hombre es más que a la muerte física a la muerte psicológica y que va unido principalmente al egoísmo.

Según la doctora Kübler-Ross, existen unas etapas previas de comportamiento frente a la experiencia de la muerte: El paciente, se entera de que su enfermedad es irreversible y que en un corto espacio de tiempo va a sobrevenirle la muerte. El enfermo reacciona obsesionado por su inminente final e intenta deshacerse de ese pensamiento. Seguidamente va abandonando paulatinamente todas sus actividades cotidianas y a aislarse hasta sentirse solo. Cuando reacciona intenta por todos los medios encontrar un remedio que le libre de ese final. Cuando se hace consciente de que no puede escapar de ello, se va alejando de todos, y esto le provoca una reacción de agresividad por pensar que lo que le sucede es injusto. Poco a poco le va dejando de interesar todo lo que hay a su alrededor, incluso sus cosas personales. Seguidamente aparece la depresión, se vuelve desconfiado y apático. De pronto un día cesa la depresión y es en ese momento cuando intuyen que por fin van a conocer cual es el sentido y la verdad de su vida. Es en este momento cuando pueden presentarse las visiones o apariciones que hacen que la persona que está a punto de morir se sienta rodeado por los seres queridos que vienen a recibirle a su nueva morada. Finalmente se va perdiendo la conciencia del entorno y la comunicación con los seres vivos que le rodean se corta definitivamente.

Para paliar esta falta de coraje a enfrentarnos con nuestra propia muerte, el Padre Jesuita Antonio de Mello en su libro “Sadhana, un camino de oración“, (cuya lectura recomendamos para el crecimiento personal), entre los múltiples ejercicios de meditación sobre los que escribe, existe uno en particular que está dedicado a encontrar la paz y la ayuda para vivir la vida con mayor profundidad. En este ejercicio uno debe visualizar su propio cadáver, intentando meditar sobre el paso de los nueve estadios de descomposición después de la muerte física:

  • El cadáver está rígido y frío.
  • Se torna azulado.
  • Aparecen grietas en la carne.
  • La descomposición se advierte en algunas partes.
  • Todo el cuerpo está en descomposición completa.
  • Queda totalmente a la vista el esqueleto, del que cuelgan algunos trozos de carne.
  • El esqueleto totalmente limpio de carne.
  • Todo lo que ahora existe es un montón de huesos.
  • Los huesos han quedado reducidos a un puñado de polvo.

Enfrentarse tranquilamente a la experiencia ineludible de la muerte es una forma de vencerla, pesando siempre en aquello que dice Alice A. Bailey, fundadora de la Escuela Arcana, en uno de sus libros: “la muerte es la antecámara de la resurrección”.

De todas formas aún pensando que no existiese nada más después de la muerte, de alguno forma seguimos siendo inmortales, pues toda la materia de la que se compone nuestro cuerpo físico, incluida el agua, se recicla en el transcurso del tiempo formando nueva vida, como las plantas y éstas irán alimentando, posiblemente, a nuevos cuerpos vivos.

Muchos de nosotros nos hemos planteado la pregunta de qué sucede con nosotros luego de que nos morimos, a dónde vamos después de morir, qué pasa con nuestro espíritu o alma cuando esto sucede, si existe o no el ascenso al cielo o en su defecto, descenso al infierno, entre otras muchísimas preguntas que nos realizamos cuando hablamos de la vida después de la muerte.

Desde tiempos remotos se ha debatido con mucha frecuencia si existe o no la vida después de la muerte, también conocida reencarnación, dicho tema ha generado grandes controversias entre los creyentes de éste fenómeno y aquellos que se encuentran escépticos. La vida después de la muerte o reencarnación podría definirse como el regreso del alma o espíritu de una persona al mundo material luego de haber sufrido una muerte física, la cual según ésta creencia se vuelve a la vida en un cuerpo nuevo.

En torno a éste controvertido tema de la vida después de la muerte giran infinidades de anécdotas de personas que defienden fervientemente el hecho de que han regresado a ésta vida luego de haber muerto en su vida pasada, y no sólo ello sino que también se han encontrado casos en los cuales sostienen que poseen recuerdos de su vida pasada.

Ilustración para vida después de la muerte

Ilustración para vida después de la muerte

Estudios sobre la vida después de la muerte

Con el pasar de los años se ha ido realizando infinidades de estudios a éste fenómeno, sin embargo, no ha pasado sino hasta ahora que se han encontrado las primeras evidencias que hacen dudar a los científicos y a aquellos que se encuentran escépticos en cuanto a si existe realmente o no la vida después de la muerte, o al menos, el hecho de que las personas que se encuentran cercana a la muerte experimenten una serie de fenómenos antes de volver en sí mismos.

Cerca de 1975 el psiquiatra Raymond Moody publico una de sus grandes obras, la cual se titula “Vida después de la vida”, en éste libro el autor plasmó una serie de elementos que, según su persona, son comunes en las personas que han vivido una experiencia cercana a la muerte. Estos elementos abarcan desde lo que son las sensaciones de haber estado fuera de su cuerpo y presenciar lo que pasa desde esa perspectiva, sentir que se flota por medio de un túnel e incluso éstas personas que viven experiencias cercanas a la muerte narran que se han encontrados con un ser luminoso o sentir que ascienden hacia el cielo.

El testimonio dado por el Dr. Parnia luego de un estudio realizado nos da a entender que la mayoría de las personas que están cercanas a la muerte vive una o varias de las experiencias expuestas por el Dr. Raymond Moody, pero que debido a los medicamentos que se utilizan en estas personas impiden que recuerden estas experiencias.

Sin embargo, es importante destacar que muchos de los estudios realizados hasta ahora, a pesar de arrojar resultados a favor de la propuesta de que la vida después de la muerte existe, no son totalmente demostrativos, por lo cual no modifica mucho el escepticismo de las personas con respecto al tema. Pero es importante destacar que todas estas investigaciones dan pie a impulsar futuras investigaciones que sirvan para poner fin a tan controvertido tema.

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