Amigos y enemigos kármicos: conoce quiénes son y cómo lidiar con ellos

Durante el recorrido de nuestra existencia, muchas veces nos podemos encontrar con personas bastante difíciles, con los que la convivencia es un tanto áspera (o demasiado incómoda); en resumen, personas que de una u otra forma nos hacen mal. Este tipo de personas son conocidos, en el mundo del esoterismo, como los enemigos kármicos; y en esta clasificación podemos incluir a todas las personas que se imponen en nuestro camino y que, en muchas ocasiones, es prácticamente difícil evitar.

En general, son personas que, de forma “gratuita”, van en contra de nuestra voluntad, nos desean lo peor o nos odian; sin que hayamos realizado alguna acción que los haya llevado a este estado. No se trata sólo de la energía negativa. Es algo más grande, más profundo… Sin embargo, se trata de un tipo de negatividad con la que tenemos que luchar y aprender a salir victoriosos, sino queremos estancarnos en la mediocridad, el dolor o la tristeza.

Estos, sin embargo, no son las únicas personas que nos transmiten energía. Afortunadamente, siempre hay ocasiones en la vida en que nos encontramos con alguien que despierta en nosotros una enorme simpatía y confianza. Así como en el caso del enemigo kármico, nada indica de dónde viene esta sensación de confianza, de bienestar y de reconocimiento, que de repente se instala en nuestros sentidos y sensibilidades.

Por el contrario, estas personas pueden ser entendidas como amigos, aliados, buenos compañeros y relaciones que debemos mantener y cultivar. Para ello debemos aprovechar y dedicar la vida entera: para dar y recibir pruebas descomprometidas de lealtad, entrega, generosidad y complicidad, nosotros mismos, también debemos de dar nuestro apoyo para que ellas puedan hacer frente a las mayores dificultades.

Por otro lado, es necesario también reducir el poder de nuestros antagonistas. Debemos construir una relación más positiva, clara y coherente con ellos. El perdón es, sin duda, el camino más poderoso para avanzar. Perdón para, al menos, establecer un intercambio mínimo de respeto y no agresión, una situación de convivencia mínimamente ponderada.

Pero, si no podemos alcanzar esa meta, incluso con esfuerzo y dedicación, podemos tener la certeza de que el karma establecerá el equilibrio. Aunque, de preferencia, nosotros mismos debemos intentar, de cierta forma, de alejarnos de estas personas (enemigos kármicos), que nos provocan un profundo malestar y que su presencia en nuestra vida nos daña.

Hay que entender que, quien no analiza las situaciones, quien no se relaja y continúa cargando con energías negativas, sea cual sea su nombre (tristeza, rencor, ira, decepción, etc.); es quien tampoco podrá llevar su vida por el camino del bien, del amor; a través de acciones positivas que no sólo lo ayudarán a él o ella; sino a las personas que lo aman y se encuentran a su alrededor.

Por ello, lo importante es no dejar de esforzarse, de saber que los resultados positivos llegarán; además de entender que, el éxito material, siempre importará menos que el espiritual, que es una realización total y completamente benéfica.

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