El irupé, una flor embriagada de amor por la luna

Hace mucho, mucho tiempo, tanto que no se puede decir cuánto, existió una joven india cuya belleza dejaba extasiados a quienes la observaban. Por eso la llamaron Yasí Ratá, que en guaraní quiere decir «estrella«. Vivía a orillas de la vasta laguna del Iberá, que significa «aguas brillantes»

Yasí Ratá desde niña y noche tras noche, escapaba a hurtadillas de su choza para dejarse acariciar por los plateados rayos de la Luna que ejercía sobre ella una incontenible atracción. Seducción que, con el tiempo, se transformó en amor intenso y desesperado.

La joven sentía que el satélite tenía un sentimiento recíproco hacia ella y que, como prueba de su afecto, le obsequiaba cada noche la calidez de su luz. No había consuelo para ella cuando su enamorado faltaba a la cita o permanecía oculto tras la nubes y sólo se alegraba al volver a verlo.

Una noche escuchó el murmullo de los árboles sacudidos por el viento y creyó que era la voz de la Luna que la estaba llamando. Intentó entonces alcanzarla. Se trepó a la copa del árbol más alto pero fue inútil. Así fue como se echó a andar con sus pies descalzos siguiendo la trayectoria del amado inalcanzable. Atravesó selvas y llanuras hasta llegar a las montañas. Escaló hasta la cima más elevada dirigiendo sus manos para alcanzar su sueño. Pero su esfuerzo resultó en vano.

Y así regresó Yasí Ratá, con sus pies llagados por los escarpados caminos y una tristeza infinita que invadía su alma. Al llegar a la laguna sumergió sus pies heridos para calmar el dolor y descubrió extasiada que había ocurrido un milagro.

Allí estaba, flotando sobre el calmo espejo de las aguas, su amado junto al hermosos rostro de Yasí Ratá. La joven no vaciló. Se arrojó confiada para unirse al señor de sus sueños. En su enceguecida pasión confundió el reflejo con la realidad misma. Y su cuerpo adolescente se perdió en las tibias aguas.

Al día siguiente, la laguna toda se encontraba vestida de unas misteriosas plantas, de verdes hojas redondas y una fantástica flor, blanca y brillante, en cuyo centro palpitaban hilos de sangre roja como la sangre que había brotado de los pies heridos de Yasí Ratá.

Flor de irupé; la mezcla de colores blanco y rosa es típica de las flores que crecen en un clima más fresco del natural para la flor.

Flor de irupé; la mezcla de colores blanco y rosa es típica de las flores que crecen en un clima más fresco del natural para la flor.

Los guaraníes llamaron a esta extraña flor Irupé, que significa ‘plato que lleva el agua’ y supieron que Tupá, su dios, compadecido por el desesperado amor de Yasí Ratá, la había transformado en aquella planta con forma de disco lunar, que cada noche cierra sus pétalos sobre las heridas, para abrirlos nuevamente al aparecer la Luna en el horizonte.

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