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La cara del moro

Alicante es una ciudad frente al mar, con playas atestadas en verano y paisajes marrones todo el año. Es una población mediana, un tanto juerguista y de gente divertida. Pero, sin duda, lo mejor de Alicante es su clima, mientras en el resto de España y Europa es de frío, allí sólo es y llueve unos pocos días al año.

El Monte Benacantil y la Cara del Moro. En la fachada del mar, frente a la playa del Postiguet, en un monte escarpado en el cual se construyó el Castillo de Santa Bárbara. En un punto específico de la playa se ve el perfil de una cara masculina, la llamada la Cara del Moro.

La historia hace referencia al pasado musulmán de la Península Ibérica, que dejó una extendida tradición algo romántica de la historia del país.

Historia de la cara del moro

Historia de la cara del moro

Historia y leyenda de la cara del moro

Cuenta la leyenda que hace muchos siglos en esta costa, cuando los musulmanes domaban estas tierras, existió un califa que gobernaba esta ciudad. Todos en el pueblo lo respetaban. Vivía en un pequeño castillo junto a la familia. Sin embargo, entre todos sus hijos, tenía una especial, su hija Cántara.

La belleza de Cántara, era famosa en toda la zona, por consiguiente llegaron a la ciudad muchos pretendientes con intención de pedirle la mano y conseguir su dote. Pero solo dos llamaron la atención de ella.

Uno era Almanzor, un general procedente de Córdoba al el que Cántara le pareció muy interesante, por su porte y la fama que le tenía. El otro era un joven llamado Alí, que aunque no tenía ningún tipo de fama alguna, pertenecía a una familia noble, era guapo, apuesto y muy seductor.

Aunque el padre de Cántara prefería a Almanzor, ella no se decidía, ante a la duda, se decidió poner a prueba a los dos.

La cara del moro de noche

La cara del moro de noche

Prueba de amor

Almanzor hizo su rumbo hacia la India a por sedas y especias, y así abrir una ruta comercial con el Lejano Oriente.

Alí por su parte, optó por un trabajo que aunque duro, le dejaba intencionalmente cerca de su amada y fue que quiso abrir una acequia que trajera agua a la ciudad desde la zona de Tibi.

Alí comenzó las obras de estas con gran interés y emoción. Sin embargo, poco a poco, comenzó a dejarlas en un segundo plano. Especialmente porque su obsesión en ver a la princesa le tenía nublado el entendimiento.

Cuando veía un momento libre corría hacia Cántara, le hacía regalos, le cantaba romances e intentaba seducirla de mil maneras. Pronto la joven princesa Cántara se vio perdidamente enamorada de Alí.

Almanzor regresó. Éste había cumplido su misión y por su parte traía un barco cargado de especias y ricas telas para el Califa y Cántara.

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