La muerte de John Dillinger

Las balas que lo tumbaron fueron dos: la que le pegó en el costado izquierdo del cuerpo y otra que le entró por la espalda y le salió por un ojo. Cuando John Dillinger cayó en ese oscuro callejón y los policías confirmaron su muerte, en el FBI hubo festejos: había muerto el enemigo público número.

Fue el domingo 22 de julio de 1934, a la salida del cine Biograph de Chicago. Allí, Dillinger había ido con su novia, Polly Hamilton, y con Anna Sage, una rumana que trabajaba como madama de un burdel. Fue ella quien lo al vendió al FB1 por 5.000 dólares y la promesa de que no la deportarían.

Dillinger había nacido en Indianápolis el 22 de junio de 1903 en una familia con normas religiosas muy severas. Su mamá murió cuando él tenía 3 años. Y aunque su hermana Audrey (le llevaba 13 años) lo cuidó un tiempo, cuando ella se casó, el chico quedó a la deriva.
A los 16 dejó el colegio y a los 21 no sólo se había casado con Berry Hovius (una chica cinco años menor) sino que también ya conocía la cárcel. Por entonces ya admiraba al legendario bandido Jesse James.

John Dillinger

John Dillinger

En esos años John conoció a algunos de los más renombrados ladrones de bancos (Pierpont Makely, John Hamilton, Russel Clark y Walter Díetrich). Muchas de esas figuras del delito gozaban de popularidad: es que ellos les robaban a los banqueros que se aprovechaban de una clase media arruinada en lo económico.

En 1933, Dillínger recibió la condicional y lo primero que hizo fue organizar la fuga de sus ex compañeros de celda. Con ellos formó una banda que, armada con poderosas ametralladoras, se dedicó a desvalijar bancos en el Medio Oeste norteamericano. El grupo actuaba de una manera tan profesional que hasta sus enemigos no dejaban de elogiar.

Para entonces, John Dillinger era the boss y su fama iba en aumento. Más aún cuando, en marzo de 1934, se escapó de una cárcel de Indiana tras tallar una pistola en una madera y oscurecerla con pomada de zapatos. «Armado» con ella, amenazó a doce guardias.

Cuando lo mataron, apenas tenía 31 años. Edgar Hoover, director del FBI, dijo: «El único delincuente bueno es el delincuente muerto«. Anna Sage cobró sus dólares, pero igual lo deportaron a Rumania.

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    1. Adrián 15 abril, 2017
    2. John diligencias 23 junio, 2017

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