La Rueda Del Samsara

Samsara, literalmente significa «errante”. Se refiere al ciclo repetitivo de muerte y reencarnación donde las almas adquieren experiencia para su proceso evolutivo que termina con el despertar.

Tal cuestión entraña una suerte de proceso (evolución). La tendencia a mantener la creación de mundos y luego pasar a través de ellos. Aquellos mundos se desintegran y con los estragos de su disolución se crean otros sucesivamente donde continúa la danza eterna de la vida.

El proceso de tales ciclos a veces puede ser desagradable. De hecho, sería perfectamente inocuo si no implicara tanto sufrimiento. En tal tarea, no sólo se lidia con los dolores y riesgos de renacer otra vez, sino también con los estragos físicos y mentales que pasan de una vida a otra como si de una sombra se tratara.

Buda y la rueda del Samsara

El Buda le preguntó una vez a sus monjes, «¿Qué crees que es más: el agua de los océanos o las lágrimas que hemos derramado mientras deambulábamos sin propósito?» Su respuesta: las lágrimas. Piense en eso la próxima vez que mire al océano jugar con olas.

Representación de la rueda del Samsara

Representación de la rueda del Samsara

Es por esto que el Buda trató de encontrar la manera de detener el Samsara. Una vez que lo había conseguido, animó a otros a seguirlo. El Samsara es algo que cada uno de nosotros debe vivir de manera inevitable, pero también es algo que cada uno de nosotros tiene que detener. Cuando se practica la meditación se comprende que todo es uno, la ilusión de lo pasajero desaparece y por instantes se puede saborear la delicia de trascender el Samsara. Es como renunciar a una adicción o a un hábito abusivo. Cuando se aprenden las habilidades necesarias para dejar de crear los mundos del sufrimiento, se pueden compartir esos conocimientos con los demás para que éstos también puedan dejar de crearlos.

Es cierto que el Buddha comparó la práctica de detener el Samsara como el acto de ir de un lugar a otro: “de este lado de un río a la otra orilla”. Pero los pasajes donde se hace esta comparación a menudo terminan con una paradoja: la otra orilla no tiene un «aquí» no tiene un «ahí”.

Desde esa perspectiva, es evidente que los parámetros del Samsara sobre el espacio y el tiempo son el contexto pre-existente como objeto de la duda. Es sobre todo, el resultado de nuestro deambular. Para alguien adicto a la construcción de “mundos”, la falta de parámetros familiares suena inquietante. Pero cuando se está cansado de la creación incesante, del sufrimiento innecesario, es mejor darse una oportunidad. El punto es aprender a romper el hábito del retorno.

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