¿La telepatía y la telequinesia: existen?

Hablar con las personas por medio del pensamiento y mover objetos con la fuerza de la mente: ¿quién no ha querido hacerlo?

Temas como la telepatía, que es justamente la capacidad de comunicarse con otros seres utilizando sólo nuestro pensamiento, o la telequinesia (el poder de mover objetos sin contacto físico, sólo con la mente) se convierten en el arancel de muchas conversaciones, ya sean científicas o simples pláticas en la barra de un bar.

Muchas religiones, incluyendo el espiritismo y el budismo, hablan sobre el poder de la clarividencia, la telepatía y la mediumnidad. El espiritismo afirma que es posible comunicarnos con los espíritus – y, por tanto, con otras personas – a través de nuestra mente. Mientras que el budismo afirma que es posible elevar el poder mental al máximo, empleando facultades telepáticas y de telequinesis sólo con la práctica constante del yoga. Son amplios los relatos de ambas religiones acerca de estos dos temas, pero todo parece estar sumergido en un “secreto” que no es accesible para aquellos que no entran a fondo en las enseñanzas de estas religiones.

Lo que la ciencia dice

Desde hace muchas décadas, muchos científicos y profesionales han impulsado experimentos para obtener pruebas reales de la existencia de estas facultades mentales.

Hace casi 100 años por ejemplo, en la década de los 20, los científicos de la ex Unión Soviética condujeron una serie de estudios con una ama de casa que decía ser capaz de mover objetos con la fuerza de la mente: su nombre era Nina Kulagina.

Nina era una rusa de 33 años de edad, y afirmaba que había heredado de su madre, el poder de la telequinesis. Según ella, cuando su madre se enojaba, los objetos en su casa comenzaban a moverse. En los estudios llevados a cabo por los científicos rusos, Nina tenía que mover objetos sin tocarlos, y varios experimentos fueron llevados a cabo en diversos entornos y frente a diversas adversidades. En estos experimentos, sus latidos cardíacos llegaban a la última marca de 240 bpm, hecho este que más tarde le causó un infarto fulminante y la muerte, debido a su constante esfuerzo en las experiencias.

Científicamente hablando, para mover objetos sin tocarlos, nuestro cuerpo tendría que disparar descargas eléctricas tan fuertes para crear a nuestro alrededor un campo electromagnético capaz de mover los objetos a nuestro alrededor. Nuestro cerebro ya hace algo parecido con los músculos de nuestro cuerpo, enviando impulsos eléctricos para moverlos. Sin embargo, estos impulsos son muy débiles para poder influir directamente en las materias a nuestro alrededor, e intensificar estos impulsos implicaría aumentar la forma como los producimos, prácticamente dando un overclocking en la forma natural en que creamos estas descargas eléctricas – lo que justifica el aumento excepcional de los latidos del corazón en Nina Kulagina.

Aún así, los científicos aún niegan la telequinesia. Digamos que la opinión de la mayoría es que no… no hay telequinesis, a no ser en las películas. Experimentos como el de la Nina son casos aislados y no se sirven como prueba absoluta de la existencia de esta facultad mental/psíquica.

En cuanto a la telepatía, la ciencia parece estar más “segura” en cuanto a su existencia. La telepatía no se limita a comunicarse con otros seres a través de la mente, sino que también engloba la adivinación y predicción sin la ayuda de los sentidos comunes. Algunos estudios fueron conducidos en el inicio del siglo XX, el psicólogo John Edgar Coover, de la universidad de Stanford, en Estados Unidos, donde un grupo de personas supuestamente telepáticas tendrían que transmitir y adivinar una serie de cartas con diferentes diseños… y la tasa de acierto de estas llegó a la increíble marca de 160/1. Aún así, John no consideró los resultados de su experimento suficientes para llegar a una conclusión positiva.

Diez años después de las experiencias de John E. Coover, en 1927, entraron en escena los experimentos de Joseph Banks Rhine (J. B. Rhine), un biólogo estadounidense e investigador de la parapsicología.

Rin realizó pruebas con un grupo de personas que se decían telépatas bajo condiciones mucho más controladas que los de sus predecesores, involucrando adivinación de cartas con dibujos diversos, que fueron conocidas como cartas de Zener. Por ser un gran investigador de esta área, Rin se unió a las décadas de estudio controlado y evaluaciones para lanzar su primer libro, la “Percepción Extra Sensorial” (Extra Sensory Perception), acuñando así el término EPS, utilizado ampliamente en estudios vinculados a la parapsicología.

Por lo tanto, aunque la ciencia aún no ha dado su dictamen oficial sobre el asunto, la existencia de la telepatía es mejor aceptada que la de la telequinesis. Digamos que la respuesta a la existencia de la telepatía es que sí existe, aunque no sea muy comentada. Se cree que, en algún punto de nuestra evolución futura, podremos comunicarnos con otros seres sólo con nuestra mente.

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