Leyenda de la laguna del Iberá

Los dos elementos geográficos más significativos de la provincia de Corrientes son el río Paraná y la laguna del Iberá. Para el guaraní, habitante nativo de la región, todo se relacionaba con la leyenda, la superstición y la fantasía. Por ello resulta natural que existan varias leyendas acerca de la laguna del Iberá.

Cuenta una vieja leyenda que en el lugar hoy ocupado por la laguna del Iberá existía antaño un hermosos palacio donde vivían el guerrero Kay-ku y su esposa, pareja temida y a la vez adorada por los nativos de la región. Ella, que danzaba por las noches en honor de la Luna, encendió el amor del hechicero de la tribu quien, para conquistarla se confabuló con siete enanos. Se dice que uno de ellos mató a Kay-ku mientras otro logró a través de maleficios que la bella desposase al brujo. Los enanos, por su parte, se entregaron a una vida de placeres. La Luna, al ver desmoralizarse a todos sus adoradores, descendió bajo la forma de un toro que tenía un cuerno en la frente, atacó a los enanos y les dio muerte. Cumplido su propósito, se alejó con un poderoso bramido al tiempo que una nube rojiza cubría toda la región envolviéndola en sombras. Días después, cuando la zona se despejó, se vio una extensa laguna sobre la que brillaba la Luna, como brotada de la nada. Y explica la leyenda que muchas veces se escuchan sordos bramidos que parecen emerger de las profundidades de las aguas.

Sin embargo, otros lugareños cuentan una versión distinta de la leyenda. El relato sostiene que un día se precipitaron hacia el fondo de la laguna tanto caballos como vacunos, como atraídos por una misteriosa fuerza al llamado de un petiso de pelaje oscuro. Como el hecho ocurrió un día tormentoso, siempre que el cielo se muestra amenazante, los habitantes de la región tratan de alejar lo más posible a los animales del borde de la laguna por temor a sufrir la pérdida de su ganado.

Laguna del Iberá

Laguna del Iberá

Una tercera versión dice que el ciervo blanco era el amor y señor de todos los de su especie en derredor de la laguna y era por ello admirado por todos los guaraníes. Un día desapareció y los hechiceros interpretaron que era un anuncio de la próxima extinción de la raza nativa. Efectivamente, al poco tiempo llegaron los españoles a la comarca y los indígenas debieron refugiarse en las islas de la gran laguna, donde finalmente perecieron.

Según otros, allí vivían las magas, jóvenes de extraordinaria belleza que tenían el poder de provocar las tormentas o la calma de las aguas y hasta la brisa que susurraba entre los pajonales, abundantes en las orillas. Cada una llevaba un nombre y cumplía una misión: la crecida de los ríos, la distribución de la lluvia, la fecundación de la plantas o la reproducción de los animales

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