Simbología de la cabra

Por lo general aparece asociada a un simbolismo relacionado con el ansia de libertad y con el deseo de emancipación y, en tal sentido, ha sido tratado su significado emblemático por los literatos y por los artistas de diversas épocas. Y, así, el gran escritor La Fontaine decía que el propio nombre «cabra» simbolizaba todo aquello relacionado con el capricho y el antojo.

Entre los pueblos del valle del Indo, la cabra simbolizaba la denominada sustancia primordial, que no aparecía con facilidad ni se manifestaba, ya que el concepto «cabra» implicaba en sí mismo contenidos relativos a lo aún no gestado.

Se la tenía, como la madre del cosmos y estaba íntimamente unida al propio significado emblemático de los diferentes colores esenciales, concretamente con la tríada del blanco, el rojo y el negro; éstos, a su vez, se corresponderían con los elementos y cualidades primarias. En el culto a la fecundidad aparecía la cabra en una posición relevante y su leche, sobre todo entre los pueblos germanos, servía para amamantar a los guerreros que conquistaban territorios en nombre del dios Odín.

Simbología de la cabra

Simbología de la cabra

Entre las sociedades de la época clásica la cabra estaba considerada, también, como la nodriza del gran dios Zeus y, en este sentido, era famosa la figura de la cabra Amaltea, de cuya leche se nutrió.

Además, formaba parte de los rituales y cultos que se llevaban a cabo con ocasión de las respuestas dadas a las preguntas que se le planteaban al oráculo de Delfos.

También en ciertas zonas del territorio chino se asociaba a este animal con determinadas deidades; en este sentido se decía que la cabra simbolizaba el basamento o yunque sobre el que golpeaba, o se apoyaba, el dios del rayo.

Esta misma interpretación se hacía entre los tibetanos, para los que el animal aparecía asociado, también, al poderoso dios ígneo, a la deidad que envía el fuego constante.
Para los romanos, la cabra era un símbolo del sacrificio y de la necesidad ascética y, por ello, en ocasiones, se vestían con túnicas confeccionadas con erizados pelos de cabra, estos vestidos recibían el nombre de cilicios, «cilicium» y constituyeron la primera muestra de los objetos, más tarde utilizados con profusión por los penitentes, fabricados para mortificar el cuerpo y refrenar la pasión y el afecto.

Por lo demás, y según nos narra Frazer – el gran recopilador y estudioso de los distintos signos -: «La cabra fue en un tiempo un animal sagrado o encarnación de Atenea, como puede deducirse de la práctica de representar a la diosa cubierta con una piel de cabra. No obstante, ni la cabra fue sacrificada como regla, ni se le permitió entrar en su santuario, la Acrópolis de Atenas. La razón alegada para esto era que la cabra dañaba al olivo, árbol sagrado de Atenea

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